Instant satisfaction: escapaditas

Estos días vi un anuncio de la aplicación de citas Happn, orientado al mercado latinoamericano,  en el que una chica comentaba en español neutro las ventajas de usarla. Entre ellas, mencionaba que “trabajo todo el día, vuelvo muy tarde y no tengo tiempo para conocer gente”.  Más allá de que el anuncio no parecía estar bien segmentado para la Argentina donde a pesar de todos los problemas que tenemos los trabajadores todavía la afirmación literal de no tener tiempo para nada más que para el trabajo choca un poco -al menos en la clase media- me golpeó la liviandad con la que la muchacha del aviso reconocía, sin angustia, que no tenía tiempo de conocer personas.

Puntualmente comienzo hablando del anuncio de Happn porque toda la campaña de esta app se apoya en la falta de tiempo, en las situaciones de tránsito y circulación urbanos (“te lo cruzaste en la calle y te gustó”), en la optimización de recursos. La velocidad de la filmación como la fotografía, por otra parte, son idénticas a las de los avisos periféricos de las páginas porno (mensajes clarísimos como “Pruébalo antes de masturbarte”, “Debes estar dispuesto a follarte a una mujer fea ahora”, “Sin tarjetas de crédito ni mierdas”, etc.) Planos impactantes, movimientos rápidos. ¿Casualidad? No lo creo.

Las redes sociales están basadas en esto: no tenemos tiempo para lo que “realmente importa”, y si tenemos dos minutos, un recreo, “entramos” a ver qué pasó en ese mundo de las emociones y las experiencias. Rápidas incursiones. El horrendo y siempre insuficiente break de los call centers se ha expandido a todos los ámbitos de la vida, inclusive a la rutina familiar, porque “lo que realmente importa” siempre está en otro lado. Inclusive cuando estamos en el mejor momento, “lo que realmente importa” es mostrarlo.

Es justamente en las redes sociales donde, desde hace unos cuantos meses sobre todo  -aunque hay foros y debates desde hace algunos años-, me fascina una tendencia que me parecería desopilante si no fuera por cierta función perversa que creo que tiene: los videos de instant satisfaction.

Estos videos o gifs, siempre cortísimos, ofrecen imágenes radicalmente lejanas a la realidad digamos del trabajador occidental (¿): pinturas de colores que se mezclan suavemente, formas de arena que se deshacen de a poco, cachorros que sonríen.

Según un artículo de The Next Web, este tipo de videos son ideales para estimular el ASMR, o, dicho en castellano,  la “Respuesta Sensorial Meridiana Autonoma”: un fenómeno biológico caracterizado por una placentera sensación que provoca calidez y relajación, y que en ocasiones puede estar acompañado de cierto hormigueo que se siente usualmente en la cabeza, cuero cabelludo o regiones periféricas del cuerpo como respuesta a varios estímulos visuales y auditivos.

Técnicas como la conocida “Técnica Pommodoro”, (que inyecta pequeños momentos de relax mental dentro de la rutina laboral con el intuito final de aumentar la productividad) pertenecen a este universo de estrategias en las que la maquinaria capitalista se pone “al servicio” del trabajador agotado apenas por un momento:  le brinda una imagen bella o radicalmente extraña a su realidad, para arrojarlo con más fuerza dentro de la misma en pocos segundos.

En este sentido,  aunque este tipo de contenido a veces tiene pretensiones arty, los videítos y fotos y gifs de instant satisfaction se diferencian de cualquier obra de arte porque ocultan justamente su finalidad mostrando únicamente una inocente superficie estético-sensorial.

En esa superficie, por supuesto, todo es bello y calmo.

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