Facebook, paredón y después

Uno de cada diez dentistas recomienda chicles con azúcar” es el nombre de un documental muy bueno sobre guerrilla comunicativa que se puede ver en YouTube. Además de eso, es una hermosa síntesis sobre el tipo de abordaje necesario al pensar los alcances de la tecnología.

Llegó la prueba cabal, lo que el ciudadano medio quiere saber.

Por qué me vigilan, si no soy nadie?” Cariño, sos alguien. Y alguien importante.

Hace unos días nos enteramos de que las decisiones electorales supuestamente autónomas de miles de ciudadanos estadounidenses tal vez no se tomaron en el marco de independencia intelectual deseado. En una cinematográfica trama de big data recolectada, analizada, vendida, utilizada, destruída y vuelta a recuperar, la empresa Cambridge Analytica –vinculada al Partido Republicano– cruzó diversos perfiles psicológicos con datos recolectados por una app de Facebook (las llamadas “3rd party apps” que son aprobadas pero no desarrolladas por la empresa). Esa información, según sabemos, fue utilizada en la campaña del presidente Donald Trump para impactar a los votantes indecisos de los llamados “battleground states“. 

Hasta ahí, el escándalo.

En todos lados y en Argentina también, salieron los especialistas digitales a tuitear a los gritos: “ESTO NO ES UNA FALLA DE FACEBOOK”, “NO HUBO UN HACKEO”, y obviedades por el estilo. Otros se hicieron los superados: “CADA UNO SABE A QUIÉN LE DA LOS DATOS”, “ES RESPONSABILIDAD DEL USUARIO”.

Ese fue el level de las reflexiones que la mayoría de nuestros especialistas nos dieron.

[Inserte captura de vergüenza ajena]

Ninguno se detuvo, por ejemplo, en que la posibilidad de manipulación de votos (inclusive a través de datos entregados con consentimiento) implica un debilitamiento de la democracia. No porque la gente “sea fácil de convencer”, sino porque con estas herramientas cuya legalidad no es clara, se imponen hegemónicamente unas narrativas que aparecen como las únicas opciones.

Como dijo hace años Evgeny Morozov, la opinión pública sigue muy de cerca los “intereses ocultos” de las grandes industrias (farmacéutica, alimenticia, etc.) pero muy pocas personas son capaces de ni siquiera representarse cuáles son los hilos que se mueven tras los intereses de las empresas “digitales”. ¿Alguna vez intentaste bloquear a Mark Zuckerberg en Facebook? Es una pavada preguntarse eso. Pero es una pavada que no podés hacer.

Una clave para pensar sobre las industria de la tecnología y su lado oscuro puede ser el hecho de que la privacidad sea cada vez más un lujito, algo en lo que hay que invertir tiempo, recursos y trabajo mental. Hay que aprender a proteger la información, hay que pagar para encriptar dispositivos, hay que acordarse de desactivar la ubicación.

A su vez, identificar las narrativas hegemónicas sobre casi cualquier tema y deconstruírlas es una tarea a la que todos deberíamos dedicarle mucho más tiempo. 

 

 

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